Por: Gregorio Urcola [AGEAC]
A lo largo de la historia la Gnosis ha sido calificada
peyorativamente como «escuela sincrética», y ese estigma lo carga hasta
nuestros días. Trataremos de explicar que, para nosotros, el que nos
llamen sincréticos no es en modo alguno algo negativo, pues atendiendo a
lo que es la Gnosis en sí misma y teniendo en cuenta los argumentos que
exponemos a continuación comprenderemos mejor este concepto.
La lógica de la Gnosis es por lo común diametralmente opuesta a la
de las religiones ortodoxas, cuyo lenguaje y conceptos han ido
evolucionando hacia la diferenciación y separación del resto de
religiones, rodeándose para ello de un aire de exclusividad y de un
sentimiento de ser poseedores de la verdad.
Con ello lamentablemente han incurrido también en el desarrollo de
posturas radicales con respecto incluso a las gentes que forman parte de
su misma tradición pero que no comparten la totalidad de las ideas que
se quieren defender.
Eso ha hecho que lamentablemente algunas instituciones hayan
perseguido con especial saña a los denominados herejes y se hayan
esforzado más en argumentar sus conceptos frente a ellos que frente a
otras religiones.
La perspectiva gnóstica es en este sentido absolutamente diferente,
pues parte de la lógica de que las religiones en su núcleo son iguales y
tienen los mismos objetivos.
Es en base a esta lógica que un gnóstico, cuando lo es, va más allá
de las formas e intenta penetrar en lo que algunos gnóstico-sufíes, como
Ibn´Arabî, denominaban «el núcleo del núcleo», que por cierto es el
título de un maravilloso libro suyo.
Este libro, escrito por uno de los más excelsos Maestros de la
tradición sufí, establece un paralelismo ontológico entre el Sufismo y
la Gnosis eterna. De hecho, para Ibn´Arabî no existe diferencia entre
ambas, pues las dos se dirigen hacia la misma meta. De igual forma se
expresa el Maestro Samael cuando dice:
El adjetivo gnóstico puede y hasta debe ser aplicado
inteligentemente tanto a concepciones que en una u otra forma se
relacionen con la Gnosis como con el Gnosticismo.
Cap. X. Antropología Gnóstica, en Doctrina Secreta de Anáhuac.
Este punto que aquí abordamos es algo excepcional dentro del mundo
religioso, sobre todo porque no solamente sucede con el Sufismo, sino
que podríamos establecer el mismo paralelismo entre la Gnosis y la
filosofía antigua del Yoga, la Gnosis y el vehículo del Tantrismo, tanto
tibetano como hindú, la Gnosis con la Alquimia taoísta e inclusive
algunos aspectos de nuestra visión de la naturaleza con el chamanismo
universal.
Tal es así que inclusive culturas que consideramos extintas como la
tradición egipcia, maya o inca, y como no, las antiguas Escuelas de
Misterios, tienen paralelismos exactos con la Gnosis, punto este
ampliamente demostrado por algunos especialistas del mundo antiguo.
Sobre esta cuestión afirma el Maestro Samael:

| Como quiera que
los estudios gnósticos han progresado extraordinariamente en estos
últimos tiempos, ninguna persona culta caería hoy como antaño en el
error simplista de hacer surgir las corrientes gnósticas de alguna
exclusiva latitud espiritual.
Si bien es cierto que debemos tener en cuenta en
cualquier sistema gnóstico sus elementos helenísticos orientales,
incluyendo Persia, Mesopotamia, Siria, India, Palestina, Egipto, etc.,
nunca deberíamos ignorar los principios gnósticos perceptibles en los
sublimes cultos religiosos de los nahuas, toltecas, aztecas, zapotecas,
mayas, chibchas, incas, quechuas, etc., etc., etc., de Indoamérica.
Cap. X. Antropología G., en Doctrina Secreta de Anáhuac.
|
Esta similitud o «relación interior» no es comprendida por muchos
eruditos debido precisamente a la ausencia de una Gnosis, de un
conocimiento trascendental que «ve» y «comprende» lo que el mero
racionalismo no alcanza a entender.
Esa Gnosis interior es por este motivo y desde esta perspectiva
entendida como un conocimiento interior, como una capacidad más allá de
la habitual para penetrar y comprender esas analogías, esas similitudes
entre las diferentes tradiciones y la Gnosis.
Por eso somos sincréticos, no porque nos esforcemos en cuadrar o en
encajar todo dentro de la Gnosis, sino porque simplemente está a la
vista de aquel que teniendo esa Gnosis interior captura la realidad
subyacente detrás de las aparentes diferencias en la forma, detrás de
esa multiplicidad de tradiciones, sistemas o métodos que existen y han
existido en la búsqueda del hombre por lo divinal a lo largo de la
historia.
Eso que peyorativamente se adjudica a la Gnosis como «sincrética»
es, para nuestra lógica y forma de comprender, un verdadero halago, pues
en el terreno de las vivencias, en el contacto con una tradición
aparentemente diferente a la nuestra, evidenciamos la capacidad de
comprender y compartir ese camino interior. Así se expresa el Maestro
Samael a este respecto:
Incuestionablemente el conocimiento gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo.
El correlato de este conocimiento es la intimidad infinita de la persona, el Ser.
La razón de ser del Ser es el mismo Ser. Solo el Ser puede conocerse
a sí mismo. El Ser, por lo tanto, se autoconoce en la Gnosis.
Cap. X. Antropología Gnóstica, en Doctrina Secreta de Anáhuac.
Algunos investigadores modernos como Mircea Elíade o el célebre
psicoanalista Carl Gustav Jung comprendieron esta realidad. Famosa es la
cita de Jung cuando al hablar del Budismo lo describe como «la mayor
Gnosis de Oriente».
Lastimosamente las grandes religiones no han hecho ningún esfuerzo
en tratar de ir más allá de sus conceptos, en tratar de abrirse a una
nueva visión diferente a la suya. La consecuencia de esta mentalidad es
que a medida que transcurren los siglos y la religión va perdiendo los
principios espirituales que le servían de soporte va cayendo en el mundo
de lo exterior, en el mundo de la forma hasta cumplir con aquel axioma
hermético que dice: «Todo depende del color del cristal con que se
mire».
Es conveniente advertir en este punto que la Gnosis no pretende la
unión de las religiones ni la de todos los hombres en un solo credo, la
Gnosis busca que ella misma, como conocimiento interior, se desarrolle
en el interior del hombre. Cualquier ideal, por hermoso que sea, si no
va acompañado de un desarrollo interior queda convertido en una simple
declaración de buenas intenciones. Dice el Maestro Samael al respecto:
Los resultados son siempre los que hablan. De nada sirve tener buenas intenciones si los hechos son desastrosos».
Cap. XVI, en Sí hay Diablo. Sí hay Infierno. Sí hay Karma.
Si un gnóstico encuentra un paralelismo simbólico entre una cultura
solar como la egipcia y otra como la inca, lamentamos el saltarnos los
formulismos académicos y sus rígidos protocolos. Un gnóstico comprende
esas coincidencias mitológicas, doctrinarias y simbólicas como parte de
un conocimiento universal, como parte de un sustrato común en todas
ellas enraizado en esa Gnosis eterna.
Si un gnóstico descubre un mismo concepto psicológico o espiritual
entre un sutra budista y la enseñanza de un chamán mexicano, esto no es
para nosotros una desagradable conexión sincrética, sino una evidencia
más de la universalidad y atemporalidad de la Gnosis como conocimiento
interior.
Si un gnóstico descubre que los conceptos sobre el destino de los
difuntos son análogos entre el Libro Tibetano de los Muertos y el Libro
Egipcio de los Muertos no nos vamos a esforzar en que desde la
perspectiva académica sean idénticos, pues la intuición, como facultad
de la Conciencia, no se tropieza con las comas y comprende ese
sincretismo en torno al conocimiento interior. En este orden de ideas
dice el Maestro Samael:
La revelación gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva;
excluye radicalmente las operaciones intelectuales de tipo subjetivo y
nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos
fundamentalmente sensoriales.
La inteligencia o nous, en su sentido gnoseológico, si bien es
cierto que puede servir de basamento a la intelección iluminada, se
niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo.
Cap. X «Antropología Gnóstica», en Doctrina Secreta de Anáhuac.
Si un gnóstico descubre que Basílides de Alejandría, uno de los más
importantes gnósticos de la antigüedad y que se consideraba a sí mismo
como cristiano, explica mejor la reencarnación que los propios hindúes,
no tiene un conflicto moral si alguien lo considera sincrético.
Simplemente observa una vez más que el conocimiento gnóstico es
universal, y por ende ese conocimiento lo encontramos en todas partes.
El estudio de la mitología es un claro ejemplo. Para algunos la
mitología es un conjunto de relatos falsos o dudosos. Para los gnósticos
la mitología es un lenguaje primordial que muchas tradiciones y
religiones usaron para expresar sus verdades arquetípicas. Los mitos
están hechos de un leguaje especial, el leguaje simbólico, y un gnóstico
debe penetrar en el significado de este lenguaje universal.
Especialmente porque ese mismo lenguaje se expresa en otras facetas como
son los sueños.
Entender e interpretar el lenguaje simbólico ha sido siempre una de
las aspiraciones de todo gnóstico, sobre todo porque la interpretación
de este lenguaje nos acerca al conocimiento de una lógica superior, una
lógica que se expresa en dimensiones superiores en forma de símbolos y
cuya comprensión es una fuente de conocimiento para nosotros.
Dice el Maestro Samael Aun Weor:
Las imágenes astrales reflejadas en el espejo mágico de la
imaginación jamás se deben traducir literalmente pues son tan solo
representaciones simbólicas de las ideas arquetípicas, y deben ser
utilizadas de la misma manera que un matemático utiliza los símbolos
algebraicos.
Cap. XVIII «El sueño tántrico», en La Doctrina Secreta de Anáhuac.
Los símbolos son posiblemente el ejemplo más ilustrativo de lo que
aquí queremos explicar. ¿Seria negativo algo que vemos repetido en todas
partes, que es sumamente similar en su significado y que ha sido usado
por todas las culturas en todas las épocas?
Si la universalidad de los símbolos y su significado no son algo que
deba ser calificado peyorativamente como «sincrético», ¿por qué la
Gnosis, que tiene la misma lógica, es sin embargo calificada de esa
manera? Lamentablemente es fácil juzgar algo que no se conoce, pero es
igualmente fácil equivocarse en ese juicio cuando no se comprende
aquello que juzgamos.
Afirma el Maestro Samael sobre esto:
Los códices mexicanos, papiros egipcios, ladrillos asirios, rollos
del Mar Muerto, extraños pergaminos, así como ciertos templos
antiquísimos, sagrados monolitos, viejos jeroglíficos, pirámides,
sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad simbólica un
sentido gnóstico que definitivamente escapa a la interpretación literal y
que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente
intelectual.
El racionalismo especulativo, en vez de enriquecer al lenguaje
gnóstico, lo empobrece lamentablemente, ya que los relatos gnósticos,
escritos o alegorizados en cualquier forma artística, se orientan
siempre hacia el Ser.
Y es en este interesantísimo lenguaje semifilosófico y
semimitológico de la Gnosis en el que se presentan una serie de
invariantes extraordinarias, símbolos con fondo esotérico trascendental
que en silencio dicen mucho.
Cap. X «Antropología Gnóstica», en Doctrina Secreta de Anáhuac.
Concluyendo diremos, en correspondencia a lo expresado en este
artículo y en correspondencia a nuestra visión de la Gnosis como camino
espiritual, que el término «sincretismo» aplicado a la Gnosis en un
sentido simplista carece de fundamento.
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